Williem Vermaet emigró del Escalda al Amstel en 1586, estableciéndose allí. El flamenco se convertiría en el predecesor del tallado de diamantes en Amsterdam. Los judíos de la península Ibérica llegados del Flandes español (posteriormente Bélgica), dominaban el comercio de las piedras preciosas gracias a contactos mantenidos durante siglos.
Por su parte, a partir del siglo XVII, los portugueses tallaron las gemas traídas de Brasil. En el siglo XIX, los judíos alemanes agruparon en una única industria el tallado y el comercio. Hasta el crack de 1929, el ramo de la talla empleaba a 10.000 personas, que en algunos períodos fueron los trabajadores mejor pagados de Europa, organizados en sindicatos modélicos.
La etapa de mayor brillo llegó con la época de El Cabo, cuando las minas de diamantes de los bóers (los emigrantes holandeses de Sudáfrica) comenzaron a hacerse notar. Este brillante sueño duraría aproximadamente hasta 1875; posteriormente las cosas irían, por primera vez, cuesta abajo. A veces había mujeres y niños que desfallecían de hambre sobre las manivelas móviles de la chapa de pulir.
Los hallazgos en Sudáfrica
En la actualidad, sólo 600 personas trabajan en los centros de tallado de Amsterdam. El retroceso tuvo su origen en los desmanes cometidos por la Oficina Central de Emigración Judía, situada en la antigua Euterpestraat (actualmente Gerrit Jan van der Veenstraat), durante la época de la ocupación alemana.
El genocidio nazi de los campos de concentración se llevó a más de 2.000 personas pertenecientes a este sector. Además, el ejército de ocupación saqueó las cajas fuertes de las fábricas de diamantes, llevándose piedras preciosas de diamantes valoradas entonces en más de 45 millones de florines.
La talla de Amsterdam sigue calificando un tipo de talla específica. Desde hace 100 años, el establecimiento número uno es Koninklijke Asscher Diamant Maatschappij. En 1904, correspondió a Joseph Asscher el honor de fragmentar y tallar el hasta entonces mayor diamante en bruto del mundo: el Excelsior, de 950 kilates, hallado en 1893 en Jogersfontein (Sudáfrica).
Otro pedrusco aún más grande
Tres años más tarde, Asscher punzonó otro diamante tres veces más pesado: el Cullinan: 96 piedras, previamente calculadas, la totalidad de las cuales son propiedad de la Corona Británica.
El pedrusco había pesado 3.106 kilates, y había sido hallado dos años antes –al oscurecer-, al borde de la Premier-Mine de Trasvaal. Eduardo VII lo había recibido como un regalo. El rey en un principio no quería fragmentar la piedra, y con todo la única empresa a quien le correspondía la talla se negó.
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