En el siglo XVIII, durante el periodo conocido como su Edad de Oro, Amsterdam fue la ciudad comercial más importante del mundo. Hoy, Holanda sigue siendo una nación sumamente poderosa, propietaria de Phillips y copropietaria con Reino Unido de Unilever y Shell.
El éxito de estas multinacionales es consecuencia de la cultura calvinista holandesa, basada en el pragmatismo y la visión de futuro ante las empresas socioeconómicas, las decisiones industriales e incluso las arquitectónicas.
La ciudad tiene también un rico pasado colonial, que se manifiesta en los sabores indonesios, de Surinam y del África meriodional de la olla multicultural que se ha macerado en los barrios y las cocinas de Amsterdam.
Todo un núcleo multicultural
Como ciudad rica del norte de Europa y con un centro medieval prácticamente intacto, ha ido atrayendo mucha inmigración; gentes de hasta 173 nacionalidades distintas han elegido Amsterdam como hogar.
Millones de personas se apuntan a la peregrinación a la ‘Ciudad del Pecado’ (Sin City), asociando Amsterdam con la prostitución legalizada y los coffe-shops. Afortunadamente para los lugareños, los locales que ofrecen estos placeres están concentrados en sectores pequeños, de manera que se puede vivir perfectamente en la ciudad sin tener que toparse con ellos.
Cuando se buscan, estos productos están al alcance de la mano, y las consecuencias sociales resultantes están estructuradas y controladas por un sistema político que ha sabido ver que una industria reconocida es una industria sujeta a impuestos.
El Estado del Bienestar holandés
El hecho de que las más altas esferas paguen hasta un 55% de su salario en impuestos ha permitido que la ciudad cuente con un transporte público y eficaz, calles limpias, abundancia de obras de arte y monumentos públicos.
Varios siglos de rigurosa planificación social han dado como resultado el Amsterdam actual. Cada barrio tiene sus encantos y un tipo de residente propio. Los holandeses suelen quejarse de la excesiva densidad de población, pero los 165 canales que rodean y cruzan Amsterdam diluyen cualquier sensación de claustrofobia.
La sana filosofía de transporte –hay cerca de 400.000 bicicletas en sus calles-, más que un mero compromiso es otra emprendedora iniciativa en pos de una convivencia armoniosa en una ciudad pequeña. Los holandes son amantes de una vida social acogedora y lo celebran en más de 755 restaurantes y casi 1.500 cafés y bares cuyo estilo refleja el gusto de la población local, ávida de cobrar protagonismo en la escena de la arquitectura y el diseño internacional.
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