Durante la edad dorada de Ámsterdam, en el siglo XVII, esta se convirtió en una de las ciudades más ricas del mundo. Los ricos comerciantes donaron importantes cantidades de dinero a las iglesias locales, hasta un total de nueve, de los cuales cuatro todavía ofrecen conciertos semanales, liberando su sonido en cascadas por las calles y plazas de la capital holandesa.
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Los carillones de mayor lujo son los que fueron fundidos en el siglo XVII por los franceses de Hemony, cuyo control de la tecnología en el arte dio lugar a una calidad de sonido excepcional que todavía no ha llegado a ser igualada. En la iglesia de Oude Kerk, ubicada en una plaza a la sombra de los tilos, posee una de las más grandes joyas que aquellos excepcionales maestros pudieron concebir.
La vieja iglesia e Oude Kerk cuenta también con tres órganos de los más sofisticados de toda Holanda. Un equipamiento musical de auténtico lujo, que muestran a los visitantes, aficionados y curiosos unos conciertos magistrales. Los ciclos de música de verano, son uno de los reclamos más destacados de la estación.
Creciendo alrededor de un símbolo
Alrededor de la iglesia de Oude Kerk, construida en torno al año 1300, fue tomando cuerpo la fantástica urbe que es hoy la ciudad de Ámsterdam. Primero fue el Barrio Rojo, que nació en los aledaños del edificio religioso, para ir conformando, finalmente, un carácter propio y muy distinto al de la iglesia.
El mismo florecimiento, a la sombra del campanario, se ha visto en la misma plaza donde se encuentra la iglesia. Un buen número de cafés y pequeños locales desde los que disfrutar, en otro contexto, de la música que transpiran las paredes de piedra.
Así, esta iglesia, la más antigua de la ciudad, ha mantenido su lugar de referencia en las rutas turísticas y culturales más destacadas. Sin duda, un concierto en vivo, en el interior del edificio, a tan solo unos metros del rugido orgánico del impresionante carillón. Al finalizar, y para completar la experiencia, disfrutar de las vistas desde lo alto de la torre de unos 70 metros de Oude Kerk.
Un calendario que se cumple escrupulosamente
El hecho de contar con un equipamiento musical de ese nivel, permite a los organizadores de los conciertos disponer un abundante calendario de actuaciones que se repiten año tras año. Cada sábado, sin faltar uno, en las mañanas, el carillón suena, llenando cada rincón de la iglesia, creando la sensación de que cada bloque de piedra fuera capaz de escupir notas musicales.
Si no, queda la opción veraniega, en la que se organizan un amplio número de conciertos de órgano que repasan lo más relevante de la música barroca y eclesiástica. Una experiencia distinta, pero llena de matices y que no deja a nadie indiferente.
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