El Jordaan se extiende entre Browersgracht y Rozengracht, y entre Prinsengracht y Lijnbaansgracht. Es una consecuencia del ensanche urbanístico del siglo XVIII y de la necesidad de concentrar las industrias manufactureras y los almacenes en una zona que fue obrera hasta la posguerra.
Hoy es el barrio de los bohemios y uno de los lugares más pintorescos de la ciudad. Paseando a lo largo del último de los canales citados puede observarse a artistas y otros vecinos de Amsterdam viviendo sobre el agua, en las chalanas más extrañas y llamativas.
En sus orígenes, se trataba de un barrio con un elevado número de fábricas de cerveza y almacenes, hoy reconvertidos en lujosos apartamentos. Aquí nació el movimiento de los ‘provos’, que se enfrentaría al Ayuntamiento de Amsterdam en la década de los 70.
Westerkerk, la Iglesia del Oeste
Los habitantes del Jordaan consideran esta iglesia como suya, aunque se encuentra en los mismísimos límites del barrio. Se levanta a unos metros de la casa de Anna Frank y de su escultura.
La torre de la Westerkerk mide 85 metros, coronados por la bola imperial de Maximiliano de Austria, vencedor de los turcos que llegaron a las puertas de Viena. Fue ofrecida simbólicamente a Amsterdam en agradecimiento a sus servicios en 1489.
La Iglesia del Oeste abrió sus puertas por primera vez un domingo de Pentecostés de 1631 y se construyó según los proyectos de Hendrick de Keyser, uno de los mejores arquitectos con que ha contado la ciudad y que no llegó nunca a ver terminada su obra magna. Su hijo Pieter y Cornelius Danckert continuaron y finalizaron los trabajos en 1638.
La Casa de Anna Frank
Anna Frank nació en Francfort, de donde tuvo que huir a Amsterdam con su familia cuando empezó el acoso de los nazis a los judíos en Alemania. Con la ocupación nazi de la capital holandesa, ocho personas se escondieron en el desván de la vivienda, a la que se accedía por una falsa librería.
Anna tenía entonces 14 años y durante dos todos pudieron pasar desapercibidos, gracias a la inestimable ayuda de algunos vecinos que les facilitaron alimentos. Durante su reclusión escribió un bello y triste diario, un canto a la libertad, que se ha convertido en el libro más traducido de un autor holandés.
Dos años después, otro vecino denunció a los nazis el refugio de los escondidos. Tanto la madre de Anna Frank, como su hermana, sus tíos y sus amigos murieron en los campos de exterminio nazis. Igual suerte corrió esta magnífica escritora, apenas dos meses antes de la liberación de la ciudad.
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