Las calles y plazas determinan el carácter de Amsterdam. Los centros de actividad más bulliciosos son: el Dam, donde se encuentra el Palacio Real, y Lediseplein.
Los peruanos hacen resonar sus tambores; los exóticos sonidos de la música de Surinam se le meten a uno en el cuerpo y en la sangre; los mendigos esperan a que les caigan algunas monedas; los traficantes de droga, a que vengan clientes; los profetas anuncian el inminente fin del mundo y la policía se limita a dejar que la vida transcurra por lo que consideran sus cauces normales.
Aquí no se representa una obra de teatro, esto es un mercado. En este lugar se concentran especímenes humanos raros, personajes estrafalarios, seres vagabundos, santones de fábula y exóticos gigantes.
Lo mucho que queda de la Edad de Oro
Las calles que discurren al lado de los canales se caracterizan más por un ambiente de escrupulosa holgazanería que por su actividad comercial: forman un armonioso conglomerado de piedra, madera y agua.
Las fachadas de ladrillo y caliza, los olmos y tilos verdes, los frontones de las casas que los bordean, se reflejan en el agua gris verdosa de los canales. Estas siluetas de perfiles marcados son testigo de un tiempo que ha quedado recogido en los libros de historia como la Edad de Oro.
La luz y el agua se entremezclan estrechamente para crear una atmósfera particular, haciendo del centro histórico urbano una estampa marítima. Amsterdam tiene fama de ser una ciudad accesible y asequible. La estricta geometría de esta obra de arte de la arquitectura urbana no tolera ni las prisas ni la precipitación. Y en esto consiste también el encanto de la ciudad, con 6.800 edificios declarados patrimonio nacional.
Una ciudad frenética
Sin embargo, la ciudad aparece frecuentemente en los titulares de la prensa internacional, cuando sus habitantes expresan a voz en grito su enfado ante las circunstancias, para después volver a calmarse.
Ellos saben que es el precio que deben pagar por vivir en una ciudad atractiva y con ganas de vivir, un foco que atrae a gente que llega desde cualquier parte del globo.
Por un lado, Amsterdam no es tan calvinista y puritana como muchos piensas; por otro, tampoco es tan liberal como pudiera parecer a simple vista. La ciudad sufre de vez en cuando trastornos circulatorios: se ve avasallada hasta morir, y entonces deja de funcionar su sistema inmunológico.
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